Por esencia, la conectividad está íntima y directamente vinculada al desarrollo turístico. Y la razón es muy clara. Para que las personas y los turistas puedan conocer y llegar a los destinos turísticos deben contar con alternativas adecuadas para acceder a los lugares y atractivos que deseen visitar.

La conectividad es parte de la infraestructura básica necesaria de la que deben disponer los países para trasladar en forma segura y eficiente a los turistas tanto locales como internacionales. Una mala conectividad impide que el turismo se desarrolle, y por lo mismo, la inversión y la mantención oportuna en esta área es fundamental para ser competitivos como destino turístico.

La conectividad con buenas y seguras carreteras, caminos, senderos, aeropuertos, puertos, adecuados contratos de concesiones etc., son de responsabilidad del Estado, tanto nacional como regional, lo que permite que la industria turística y el sector privado se desarrolle y genere inversión para mejorar la hotelería, la gastronomía, las actividades turísticas, además de permitir que la demanda aumente y se genere un círculo virtuoso para los destinos, que tengan como eje estratégico el turismo como desarrollo productivo y sustentable.

En Chile, y en particular la región de Aysén, este aspecto tiene una incidencia aún mayor, considerando la geografía marcada por distintos cordones montañosos, valles y portezuelos, lagos, ríos, glaciares y bosques, donde las condiciones para desarrollar las actividades humanas y turísticas no son sencillas y en el que su principal atractivo o interés por parte de los visitantes es su naturaleza prístina y de extraordinaria belleza. En la región de Aysén hay ejemplos concretos sobre los problemas de conectividad. La barcaza subsidiada por el Gobierno Regional, que une a Puerto Ibáñez con Chile Chico, sigue sin ser reparada desde julio del año pasado, con soluciones improvisadas, insuficientes e ineficientes, que impiden el buen funcionamiento del turismo, sin considerar los problemas que tienen que sufrir diariamente los pobladores de Chile Chico.

El mal estado de la Carretera Austral, que a 2 meses de iniciarse la temporada turística, sigue tan peligrosa como en la temporada pasada, donde los vehículos de los visitantes y de las empresas de transporte de pasajeros hicieron filas en los talleres para ser reparados, dando un penoso espectáculo de improvisación como destino turístico. Después de 2 temporadas con poca actividad turística, sin turismo receptivo (turistas extranjeros), la región no se puede dar el lujo de seguir improvisando con el sector turismo.

Es una industria con mucho potencial, que puede ser capaz en pocos años, de ser un motor que le genere a la región de Aysén un aporte de dos dígitos del PIB, si se trabaja en forma planificada y coordinada con un foco estratégico hacia el turismo de todos los actores públicos de la región. Si se quiere tener como eje estratégico de desarrollo al turismo en una región o país, el turismo debe estar en el ADN de todos los servicios públicos, donde los proyectos incorporen la variable turística en su diseño y construcción, y con mayor atención, en todo proyecto de mantención y reparación.

Lo mínimo que exige el sector turístico es que lo que ya existe en términos de infraestructura, funcione bien. La conectividad es un desafío permanente, ya que van surgiendo nuevas necesidades y requerimientos, o porque aún existen falencias que se arrastran en el tiempo, especialmente en aquellas zonas del país que son de más difícil acceso.